¿Quien se acuerda de Gervin?

El encestador más implacable que jamás haya pisado las canchas españolas jugó en Córdoba. En apenas nueve meses, un alero de Michigan pasó a la historia del baloncesto marcando unos récords inverosímiles en el Cajasur. Redescubrimos a “King” Gervin, la leyenda.

“¿Cuántos ha metido esta noche?”. Los desafortunados que no tenían el privilegio de conseguir un hueco en las gradas del Polideportivo de la Juventud (centenares, más de mil en alguna ocasión) en la Liga 87-88 de Primera B tenían que conformarse con el vehemente relato de las hazañas de Derrick Gervin, el mejor jugador que jamás haya vestido la camiseta del Club Juventud, que en aquella campaña compitió con la denominación de Diario Córdoba Cajasur. ¿El resultado? Bueno, eso quizá era lo de menos. No había un alma en la ciudad que no fuera consciente de que con cada uno de esos 19 partidos en el “Poli” estaba presenciando un fenómeno paranormal, un acontecimiento fugaz (evidentemente, la categoría le venía corta) que iba a marcar su percepción de un deporte que vivía un “boom” en España y una explosión nuclear en Córdoba. La ciudad vibró como nunca con un equipo que terminó… en el puesto 25.º, arruinado y con sus huesos en Segunda División. Pero, paradójicamente, aquel campeonato del 88 resultó inolvidable. Y la razón fue Gervin.

Abilio Antolín tenía un duro trabajo aquella temporada. El equipo había salvado el pellejo el año anterior gracias a una reestructuración de la categoría y el veterano técnico se afanó por convertir a un puñado de meritorios y canteranos en un bloque competitivo, capaz de arropar a las dos estrellas americanas. Elso, Ruano, Celigueta, Parera y Fofi Fernández se incorporaron a un plantel en el que figuraban Manolo García, Simón y los jovencísimos Pablo Orozco, Luis Luque y Alberto Monje. La elección de extranjeros resultó compleja. Los escogidos fueron Jerry Adams y Lawrence Brooks, con los que se inició la pretemporada… hasta que llegó el día del milagro. En un bolo veraniego contra el Larios All Star, uno de esos combinados estadounidenses que se paseaban por el Viejo Continente concertando partidos baratos para conseguir algún contrato para jóvenes recién salidos de la Universidad, todo el mundo se fijó en un alero altísimo, de movimientos felinos, obsesionado por coger el balón y encestar. Lo hacía desde todas las posiciones. Nadie podía frenarle. Su apellido sonaba a buen baloncesto. Gervin.

El Cajasur le ofreció un contrato y Gervin sustituyó a Brooks cuando apenas quedaban siete días para el comienzo del campeonato oficial. El alero de Detroit sólo había jugado una vez con sus nuevos compañeros y anotó 48 puntos en un amistoso en Sevilla. Nada comparado con lo que estaba por venir. El primer partido de Liga iba a despejar cualquier duda sobre la imagen del Cajasur durante la temporada. El equipo se desplazó a la pista del PMD Badajoz, que a las órdenes de Martín Fariñas contaba con una interesante pareja extranjera: Larry Poleck y Carl Davis. Abilio presentó un quinteto compuesto por Santi Elso, Celigueta, Gervin, Adams y Ruano, un armazón con tres piezas clave (el base y los dos americanos) que siempre serían titulares. El resultado final: 112-101. Gervin anotó 61 puntos.

La primera comparecencia en el Polideportivo de la Juventud desató la locura. En una caldera por el ambiente en el graderío y el insufrible calor, el Cajasur arrolló al Galeones de Vigo (115-95) con una increíble actuación del que, en apenas dos semanas, se había transformado en el ídolo de Córdoba. Gervin firmó 63 puntos. El monopolio ofensivo del estadounidense era brutal. Lanzamientos en suspensión, mates, penetraciones, un demoledor uno contra uno… De defensa que no le hablaran. Era cuestión de otros. Pero… ¿quién hubiese sido capaz de pedirle sacrificio para el grupo a un tipo de 25 años rebosante de calidad y ambición, obsesionado por alcanzar la NBA, que buscaba a toda costa la fama a través de los puntos? Si alguien lo hizo, es evidente que no hubo efecto. El Cajasur era el equipo más anotador de la Liga, pero su lugar natural estaba en la zona más baja. Y de ahí no salió. Con un balance final de 13 victorias y 25 derrotas, los cordobeses se fueron a pique sin remisión.

La temporada de Derrick Gervin en el Cajasur llamó la atención en todo el país. Anotó la cifra de 1.771 puntos en 38 partidos, con un promedio de 46,5. En tres ocasiones superó los 60 puntos y los 64 conseguidos ante el Finisterre Lliria de Quique Andreu (110-98) marcan el segundo mejor registro individual en la historia del baloncesto en España, superados sólo por los 65 que anotó Walter Szczerbiak en el Real Madrid en un partido contra el Breogán. Con esas marcas, sobra decir que fue, de largo, el máximo anotador de la temporada en Primera B, por delante de reputados especialistas como Ray Smith (1.498) y Mike Schlegel (1.375). El primero de ellos, estrella del Maristas a las órdenes de Javier Imbroda, tuvo una larga carrera como profesional en España, al igual que Schlegel, que fue contratado por el Estudiantes. Gervin, por el contrario, se marchó. Pudo haber encontrado acomodo en clubes españoles (en Córdoba, por supuesto no había dinero para pagarle) y pasaron por sus manos algunas ofertas, pero no les hizo ningún caso. Tenía una idea en la cabeza. Quería jugar en la NBA. Apenas catorce meses después, tras dejarse ver en los campus de entrenamiento y ligas comerciales, cumplió su desafío. Los Nets le incluyeron en su “roster” con un salario de 155.000 dólares. De las goteras del Polimecano al Continental Arena de New Jersey. Nunca volvió a Córdoba.

SUS GRANDES GESTAS

64 PUNTOS FRENTE AL LLIRIA EN EL POLIDEPORTIVO

El 23 de enero de 1988, Derrick Gervin logró su mejor anotación individual en el Cajasur, en un partido que finalizó con triunfo cordobés por 110-98. El otro americano del equipo local, Adams, anotó 20 tantos, mientras que el dúo del conjunto levantino confirmó la relevancia de los foráneos en aquel campeonato: Dan Palombizio firmó 34 puntos y Moore hizo 23.

UN RÉCORD UNIVERSITARIO QUE DURÓ 17 AÑOS

Los 1.691 puntos que Gervin anotó para la Universidad de San Antonio Texas (UTSA) entre 1982 y 1985 han sido un récord absoluto durante 17 años. A finales de la temporada 2002, Devin Brown (actualmente en los San Antonio Spurs, de la NBA) concluyó su trienio universitario con un total de 1.922 puntos.

34, SU MEJOR MARCA EN UN PARTIDO DE LA NBA

En los 77 partidos que jugó con los Nets de Bill Fitch durante las temporadas 89-90 y 90-91, Gervin firmó una mejor anotación individual de 34 puntos en la segunda de sus campañas, la cuarta mejor dentro del equipo, por encima de la de Drazen Petrovic (27) y sólo superada por Derrick Coleman (42), Sam Bowie (38) y Reggie Theus (36). En su etapa en la NBA, Gervin firmó unos promedios de 14,1 minutos, 8,8 puntos y 2,3 rebotes por partido.

EL “EFECTO G”, UNA CUESTIÓN GENÉTICA

“Iceman”, “The King” y “The Great Show”. Posiblemente no haya una saga baloncestística que haya anotado tantos puntos en tantas ligas del mundo en toda la historia del baloncesto. George, su hermano Derrick y el hijo del primero, Gee (que juega actualmente en Chipre), llevaron la pasión por el juego hasta el extremo en el año 2000 en la ABA, una legendaria competición que renacía en Estados Unidos. La franquicia de los Detroit Dogs tenía como entrenador al mayor de la familia y al más ilustre; en la pista a su hijo Gee, un anotador compulsivo que actuaba de base, y al tío de éste, Derrick, que salía del banquillo, ya con 38 años, para encestar los últimos tiros de una carrera espectacular. Fueron campeones, ganando en el “play- off” final a Chicago Skyliners. Ese gran día de gloria familiar fue el último partido oficial de Derrick.

Derrick Gervin (Detroit, Michigan, 1963), alero de 2,05 metros, fue siempre un tirador de repetición al que le interesaba sobre todo acumular sobresalientes estadísticas que llamaran la atención de algún entrenador en la NBA, su techo y su sueño, el hogar de su hermano George (1952). Apodado “Iceman” (hombre de hielo) por su frialdad para resolver situaciones de riesgo en los partidos, George Gervin fue una estrella en la mejor liga del mundo, en la que llegó a 26.595 puntos (entre NBA y ABA) y fue dos veces mejor encestador (récord sólo superado por Wilt Chamberlain y Michael Jordan), además de nueve veces All Star. Su número, el 44, está retirado en los Spurs de San Antonio, figura en el “All of Fame” y es uno de los 50 mejores de todos los tiempos. “Respeto a mi hermano, pero él es él y yo soy yo”, resaltó Derrick a poco de pisar tierra española y recibir la inevitable pregunta. Después de hartarse de meter canastas, se marchó y durante años nadie supo nada de él. Aún no existía internet y la televisión apenas de ocupaba de la NBA y menos aún de equipos que, como los Nets, tenían poco que decir en una competición que vivía los últimos coletazos de la rivalidad Boston-Los Ángeles y el primer título de Jordan con los Bulls. Después de dos campañas, hizo carrera por todo el mundo antes de regresar a Detroit cargado de títulos de máximo anotador en casi todos los países. En la actualidad, Derrick Gervin, a sus 41 años, trabaja como orientador laboral en el George Gervin Youth Center de San Antonio.

Pero el “efecto G” sigue haciendo efecto en Europa. George Gee Gervin (1976), hijo de la estrella de la NBA, es un base de 1,88 que brilló en su etapa universitaria en Houston (formó parte del quinteto ideal de su conferencia, con gente como Kenyon Martin y Quentin Richardson), pero no llegó a la NBA a pesar destacar en las ligas de verano con los Spurs. Fue MVP de la ABA 2000 con los Detroit Dogs y dio el salto a Europa para jugar en la Basketligan de Suecia con los Norrkoping Dolphins. Con 29,2 puntos de media, llevó al equipo al subcampeonato y fue el mejor encestador y el MVP de la competición, en la que le bautizaron como “The Great Gervin Show”. Actualmente juega en el Keravnos chipriota y hace un par de veranos estuvo cuatro meses en gira con los Harlem Globetrotters.

UN TROTAMUNDOS

Después de formarse en la Universidad de San Antonio, Derrick Gervin fue elegido por los Philadelphia 76ers en la cuarta ronda del “draft” de 1985, aunque nunca llegó a jugar con la franquicia que por entonces lideraba Charles Barkley. Enrolado en un combinado de ex universitarios fue reclutado por el Cajasur, en el que tuvo su primera experiencia profesional con el extraordinario récord de 46,5 puntos de promedio. Tras dos años con los Nets de New Jersey, inició un periplo alrededor del mundo actuando en las ligas de Italia, Turquía, Israel, Argentina, Filipinas, Venezuela y México. Cerró su trayectoria en la Continental Basketball League (CBA) y en la ABA 2000, en su casa, Detroit.